martes, 10 de abril de 2012

El 45% de los jóvenes canarios no acaba la educación obligatoria

El 45 % de los jóvenes canarios no finaliza la educación obligatoria, porcentaje que supera en diez puntos la media nacional, lo que dificulta aún más encontrar un empleo, ha indicado este lunes el director del Servicio Canario de Empleo, Manuel León.
Esto se debe en gran medida a la facilidad con la que durante mucho tiempo los jóvenes encontraban un puesto de trabajo en el sector turístico o en el de la construcción, lo que hacía poco atractivo continuar en el sistema educativo.
El desempleo afecta a casi el 50 % de los jóvenes canarios menores de 30 años, porcentaje especialmente preocupante en una época de crisis como la actual debido a la falta de empleo generalizado, ha indicado León.
El desempleo juvenil es especialmente pernicioso sobre la formación y la integración social de las personas y supera con creces el ámbito de la política laboral, por lo que es necesario el esfuerzo de toda la sociedad, según León.
Soluciones y estrategias para paliar este problema.
El Gobierno de Canarias ha organizado las Jornadas Europeas para el Empleo Juvenil en Canarias, que se celebran bajo el lema "El empleo juvenil a debate" y reunirán a numerosos expertos los días 12 y 13 de abril en Las Palmas de Gran Canaria.
¿Qué se pretende con estas jornadas?
Las Jornadas Europeas sobre el Empleo Juvenil en Canarias pretenden aunar propuestas que permitan elaborar un Plan Canario de Empleo y con ese objetivo reunirán a expertos internacionales sobre las políticas de empleo y la orientación laboral.
Asimismo, tratarán de incentivar el espíritu emprendedor de los jóvenes y presentar las oportunidades de trabajo en el sector de las nuevas tecnologías.
La iniciativa empresarial y la movilidad geográfica son claves para que los jóvenes canarios puedan acceder a un empleo, especialmente en un contexto de crisis económica como el actual, ha indicado la directora general de la Juventud del Gobierno de Canarias, Estefanía Castro.
Que se va a ofrecer durante las jornadas.
Se ofrecerá asesoramiento e información previos a la salida del país de origen y tras la llegada al país de destino y se abordarán acciones a emprender para incentivar la movilidad en la sociedad insular canaria.
Igualmente, se evaluarán algunos incentivos que permitan generar un espíritu emprendedor en la sociedad canaria, posibles yacimientos de empleo y líneas de financiación para emprendedores.
También se abordarán posibles apoyos a aquellas empresas que desean situarse en mercados en expansión, así como casos de éxito de empresas canarias del sector energético renovable que han internacionalizado su negocio.

lunes, 9 de abril de 2012

Un cómic con el 'down' del éxito

Blo, el protagonista. Rubio, ojos achinados y orejas bajas. Movimiento de dedos y gemidos cuando se concentra. Siempre con un vinilo, cuidando de él
Benjamín. Pocos pelos por tricotilomanía. Miope. Gesto ausente y aspecto frágil.
Bibi, la novia de Blo. Guapa con gesto risueño y amable. Ropa rosa infantil.
Miguelote. Doble de tamaño que el resto de los personajes. Perezoso/ movimientos lentos.  Inalterable.
Ruth. Flor en el pelo. Coqueta y parlanchina.

    Así describen el creativo Nöel Lang (1981) y el dibujante Rodrigo García (1980) a los protagonistas de su ópera prima, el cómic Downtown protagonizado por una pandilla de cinco amigos preadolescentes con síndrome de Down. Todo empezó hace dos años cuando congeniaron trabajando juntos en publicidad. Se propusieron entonces hacer algo juntos y tomaron como protagonista de su proyecto a Pablo, el tío de Lang que tiene el síndrome. “Pablo y yo nos llevamos cinco años y hemos sido vecinos así que nos hemos criado juntos y lo conozco bien. Los down tienen unas ocurrencias muy originales, unas respuestas que no te esperas y pensamos que sería un buen personaje. No tienen prejuicios al contestar. Me ha aliviado ver que a las familias de estos niños les ha encantado y nos gustaría que sirviese para que los colectivos que no tienen estos niños cerca les conozcan”, cuenta Nöel Lang.
 Vista la acogida de sus tiras sobre este singular grupo en Facebook –cuentan con más de 4.000 fans- decidieron dar un paso más y mostrar su trabajo a alguna editorial con idea de hacer un libro. Probaron con dos y hubo suerte. Dibbuks ha publicado sus 105 ocurrencias o instantes en España y en Estados Unidos lo sacará Diábolo el próximo diciembre. “Es un humor muy universal y apenas tiene dos o tres juegos de palabras así que no hay problema con la traducción” continúa Lang. Aún no dan crédito Además se baraja la idea de hacer de su cómic una serie de dibujos animados.
  El tío de Lang no es un rubio angelical como Blo, sino corpulento como Miguelote “es muy perro le cuesta moverse” bromea. Pero al igual que Blo -que no suelta el disco de su padre Downtown: The Greats Hits of Petula Clark-, a Pablo siempre le acompaña algo. “Ha ido cambiando, un casette, una cinta de vídeo… siempre un producto cultural. Los primeros bocetos de la pandilla se simplificaron con  tiempo. “Queríamos que tuviesen unos trazos y unos gestos muy reconocibles, como ocurre en Los Simpson” sostiene Lang. Y no se plantearon que Blo asistiese a clase en un centro de integración. “En la época en la que iba mi tío Pablo no existían, por eso van a un colegio de discapacitados”. Algunos familiares de personas con down lamentan que esas tiras no muestren  la inclusión social. “¿Por qué habíamos de hacerlo? Ha salido así. Nadie pide que Mafalda se rodee de niños down”,  se pregunta el autor.
  El seleccionador nacional de fútbol,Vicente del Bosque, padre de un niño down, no dudó en escribirles un pequeño prólogo. “Cuando nos enteramos que la selección jugaba en Alicante nos acercamos a él y fue muy receptivo”.  “Lo mejor deDowntown es que permite dar a conocer, con humor, esta realidad a todos aquellos ajenos a la misma”, opina el entrenador en su texto, que se remonta al comienzo del cómic cuyos sentimientos comparte: “Lo mano de tener síndrome de Down es que, el día que naces, tus padres se ponen un poco tristes…, lo bueno es que después de ese día no vuelven a estar tristes nunca más”.

domingo, 8 de abril de 2012

"Seguiré hasta el fin. Mato o caigo"

Aunque sabía que el muchacho llevaba encima un revólver, y que en el barrio tenía fama de duro, el padre Juan Carlos Velásquez no sintió miedo cuando se bajó del coche al llegar a su casa parroquial y lo vio venir hacia él en medio de la noche.
— Qué hay, brother — le dijo el chico.
“Pensé que venía a pedirme dinero para drogarse o para alicorarse”, recuerda Velásquez. “Cuando se acercó, le dije de una manera muy seca: ‘Hombre, qué necesitás’. En vez de contestarme fuerte, se reblandeció y me dijo que era su cumpleaños, y que nadie lo había felicitado”.
El cura pensó que el chico lo quería enredar de alguna manera. “Y yo más duro me puse, porque estos muchachos son muy tramadores. Le dije otra vez: ‘Qué necesitás”.
—Padre, necesito un abrazo —le respondió el chico.
“Y yo solté el escudo que tenía y lo abracé. Él lloró unas lágrimas, me dio las gracias y se fue”. “Esa noche”, recuerda, “no pude dormir pensando en ello”.
Aquella madrugada de diciembre de 2009, el cura captó algo que no había comprendido en seis años de relación con los jóvenes de los combos —las pandillas que sirven de comandos de barrio para los capos de la ciudad—. “Allí mismo descodifiqué el conflicto”, afirma Velásquez en el comedor de su modesta casa parroquial, en la Comuna 5 de Medellín. “Yo creía que era un problema económico, pero la solución no es solo de dinero. Tiene que ver con la falta de afectos y con distintas formas de rechazo social. Ellos son seres humanos que merecen oportunidades, y las instituciones, llámense Iglesia, Gobierno o escuela, lo único que hacemos es vetarlos. A los chicos los echan de la casa, los echan de los colegios, y entonces su único refugio es la esquina, el combo, que les da un lugar para ser personas... Entre comillas”.
Una tarde de octubre, en un café de Medellín, un sicario retirado se dispone a contar sus años como asesino a sueldo. Habla en voz baja y de vez en cuando echa una ojeada a su alrededor como si no se sintiera seguro. El joven ha pasado ya de los 20 años de edad, algo que no logran muchos de ellos. Esnifó su primera raya de cocaína a los 10 años. Con 12 cogió por primera vez un arma de fuego. Con 14 ya era miembro de una banda criminal. “Nos juntamos los de mi barrio, los típicos pelaos que en preescolar íbamos cogidos de la mano para la escuela, y montamos un combo de 80 personas”, explica. “Cuando uno cumple una edad y no estudia ni hace nada, las cuchas [las madres] le ven a uno el símbolo del peso en la cara, y le piden que aporte para la casa. Le dicen que es un mantenido, y eso cala. Yo estuve en ese punto: sin trabajo, con la familia presionando, que llegaba a casa y a mí no me ponían ni un plato de arroz, y me miraban mal si abría la nevera. Y aparece un tipo y le pone delante de usted un millón, dos, tres millones de pesos”.
Por lo que cuenta, de los 14 a los 16 años fue un asesino muy solicitado, aunque los detalles que ofrece son inverosímiles. No parece que exagere para presumir, o que esté contando mentiras, sino más bien que su niñez y su primera juventud fueron tan salvajes y lo arrasaron de tal manera que difícilmente puede recordar los datos exactos de aquel caos sin medida. “Cada semana hacía unas ocho vueltas [encargos diversos; no siempre asesinatos], y con eso me ganaba como 10 millones de pesos (4.200 euros). Viajaba en avión, tenía un apartamento, a todas las niñas que quería, mi moto, revólveres, un rifle, la coca… Mire que entre cuatro consumíamos 70 gramos diarios”.
En España, un gramo de coca cuesta 60 euros en la calle. En las barriadas de Medellín cuesta 2 euros, y, sin embargo, por allí no se ven drogadictos decrépitos. El testimonio de este sicario retirado indica que esto no se debe a una mayor contención en el consumo, sino a la mera pobreza. Según explica, los jóvenes de ahora no encuentran de dónde sacar dinero, ya no para drogarse, sino para comer o vestirse. Incluso asesinar por encargo, que antes podía ser bastante lucrativo, se ha convertido en un oficio ruinoso. El antiguo asesino a sueldo, que mantiene contacto diario con ejecutores en activo, pone un par de ejemplos: “El otro día, un pelao me dijo que mató a alguien y le dieron 20.000 pesos [8,4 euros] por esa cabeza, y me consta que otros matan hasta por 5.000 [2,5 euros] y que luego usan la plata para comprarle unas arepas a su mamá”.
En Medellín, la oferta de asesinos excede la demanda de víctimas. Tanto, que los chicos más jóvenes llegan a matar gratis para intentar hacerse un hueco en el saturado mercado del crimen. El padre Velásquez asegura que ahora es tan difícil prosperar como sicario que muchos le juran que lo dejarían si pudiesen encontrar otro modo de sobrevivir. “Hay infinidad de jóvenes que quieren salirse de esto”, comenta. “No hace falta ni siquiera que lo veamos desde el punto de vista humano, sino desde el mero punto de vista comercial: hay una sobrecarga de combos y de sicarios”. En la cafetería, el asesino retirado que viajaba en avión dice lo mismo: “Uno sabe que ahora hay más pelaos que nunca metidos en las vueltas”.
En Medellín hay más de 5.000 sicarios distribuidos en unas 300 bandas por toda la ciudad. Y, sin embargo, el número de asesinatos no llega ni a la mitad que a principios de los noventa, en la época del capo Pablo Escobar, cuando había más de 4.000 muertos anuales. 
Lo paradójico es que mientras el crimen se reduce, parece que aumenta la disponibilidad de chicos empobrecidos y desocupados dispuestos a asesinar para ganar un poco de dinero. Igual de desconcertante es que en tiempos de menos violencia la relación que tienen ellos con la muerte se deshumanice cada vez más. “Algunos ya matan por deporte”, comenta el exsicario, que siempre que hace una afirmación general, la ilustra luego con un horror particular.
“La semana pasada estuve con un chico de 16 años de mi barrio. Estábamos sentados en la calle y él andaba como ansioso. Se movía, se tocaba mucho la pierna”.

—¿Qué le pasa a usted? —le dije.
— Que tengo ganas de matar —me contestó.
“Él mantenía el fierro [pistola] al pulmón, ahí cerquita. Entonces se levantó, se fue, oí pa-pa-pa. Volvió, se sentó y me dijo: ‘Ya me calmé’. Había matado a un pelao que no tenía nada que ver. Así es la vida en las comunas. 
El padre Velásquez sostiene que los chicos de las comunas entienden la vida en presente simple, sin más futuro que las próximas horas. “Tienen una idea muy simple de la existencia. Experimentan la muerte al día. Viven el hoy. Lo que se gana, se gasta en el día. Es como una expresión popular que hay por acá que dice: ‘Volador hecho [cohete lanzado], volador quemado’.
Eso, sin embargo, no significa que vivan a todo trapo, rodeados de las míticas riquezas del narcotráfico, sino que su vida corre rápidamente hacia una muerte inmediata, amarrados a la miseria y sin mejor camino que delinquir. El cura, que conoce sicarios de todas las edades y de todos los puntos de la ciudad, dice que por lo general son personas frustradas, perfectamente conscientes de que han nacido para morir en “la guerra”, como le llaman ellos a lo que las autoridades colombianas y los analistas definen como “el conflicto”.
Los chicos,  tiene claro que no llegarán a eso, que su futuro es terminar su vida cumpliendo con sus obligaciones: “Hasta el fin”, dice, “hasta que me maten. O mato, o caigo”. Para los jóvenes sicarios de Medellín, matar o morir no tiene ningún significado, es un hecho sin más, algo que se hace o se padece por necesidad, una función técnica y un destino obligado. El padre Velásquez entiende que esa correa de transmisión de valores tradicionales se ha ido cortando por la descomposición de las familias humildes, causada en parte por la rápida incorporación de las mujeres al mercado laboral.
En ese contexto, las mujeres han dejado de ser amas de casa y educadoras primarias, y sus hijos se han quedado solos, entre un hogar vacío y un ambiente callejero que los atrapa desde la infancia. “Los niños son educados por los combos”, afirma el profesor Arboleda. Es la misma idea que transmite Velásquez, que la función maternal de crianza ha sido suplantada por una socialización criminal. “Para los muchachos, pertenecer al grupo no es un trabajo, es una opción de vida”, dice el cura. “Encuentran el afecto y una identidad. Para ellos, el combo es un lugar en el mundo”.
Aquel sicario que celebró su cumpleaños en la calle, solo, esperando a medianoche al padre Velásquez para pedirle afecto, tampoco llegó a entrar nunca en su iglesia. Un año más tarde murió tiroteado. El sacerdote recuerda que nadie le hizo un funeral.

sábado, 7 de abril de 2012

Una niña de 10 años da a luz en Colombia

Una niña colombiana se ha convertido en una de las madres más jóvenes del mundo. Con solo diez años ha dado a luz a una bebé en un hospital de La Guajira. Los médicos tuvieron que someter a la menor a una cesárea para poder traer al mundo a su hija. 

La niña, miembro de la etnia Wayúu, acudió al hospital con una fuerte hemorragia e intensas contracciones. 
Según informan algunos medios como el Daily Mail, esa fue la primera y única vez que la menor acudió al centro médico para someterse a un control de su embarazo.Ante esta situación, los médicos le practicaron una cesárea de urgencia, dado que estaba en la semana 39 de gestación. No se ha revelado ni la identidad de la madre ni la del padre, pero algunos medios informan de que el progenitor puede ser un chico de entre 15 y 30 años.
Pese a que las autoridades de Colombia podrían iniciar un proceso penal contra el padre por haber mantenido sexo con una menor, la Constitución del país reconoce cierta autonomía a la etnia Wayúu.

miércoles, 4 de abril de 2012

Agüimes roza el absentismo escolar cero en sólo diez años

El municipio de Agüimes, en la isla de Gran Canaria,  ha logrado reducir sus cifras de absentismo escolar del 5% a tan sólo unas décimas en 10 años. Ha sido gracias, entre otras cosas, a la aplicación de la Ordenanza de Protección al Menor, un marco de trabajo del que se dotó el Ayuntamiento hace 10 años y del que ahora se hace balance.
Aquella ordenanza, aprobada en febrero de 2002, dio tanto que hablar que trascendió incluso las fronteras mediáticas de España. El alcalde de Agüimes, Antonio Morales, aún no puede evitar quejarse de que los medios de comunicación se quedaran con lo que él sigue considerando una anécdota, la prohibición de permanecer en la calle a los menores de 16 años después de las 11 de la noche en los días laborales. Sin embargo, hoy en día, 10 años después, asegura que cuenta con datos empíricos que probarán los «avances importantes» que la aplicación de aquella novedosa normativa ha producido en la lucha contra el absentismo escolar, el fracaso escolar o el consumo de drogas. Entre otros éxitos, avanza que en estos 10 años el municipio ha pasado de tener un 5% de absentismo estudiantil a apenas unas décimas.